“Si lo sueñas, es porque en el futuro ya lo tienes”
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“Si lo sueñas, es porque en el futuro ya lo tienes”
Próximo a graduarse de la Ingeniería en Nanotecnología y a continuar sus estudios en la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá, Diego Islas Santoyo cuenta en entrevista sobre la inspiración que en su futuro profesional tuvo el profesor Diego Mulato Gómez, quien falleció el pasado mes de febrero.
Érika Torres Chávez
En enero de 2022, Diego llegó al ITESO listo para iniciar la carrera de Ingeniería en Nanotecnología, después de inspirarse en Tony Stark y su famosa armadura en la película Avengers: Infinity War y de un proceso que incluyó descartar dos universidades y hacer el trámite no solo para entrar a la universidad, sino para obtener un porcentaje de beca.
“Mi mamá es egresada, así que había una posibilidad de que me dieran un porcentaje de beca por eso; entonces apliqué al estudio socioeconómico, llené los papeles e hice el ensayo, en el que puse que yo me comprometía a estudiar y sacar lo mejor de esta carrera, que a pesar de que yo no era de las personas más inteligentes de mi escuela era de las más dedicadas y yo estaba dispuesto a hacer cualquier sacrificio con tal de poder estudiar en el ITESO, ya que mi madre me contaba que era una experiencia extraordinaria que tenía que vivir”, cuenta.
Diego consiguió 70 por ciento de beca y el resto de sus estudios se los financió dando clases de box y crossfit.
Aunque al principio se le complicaron matemáticas y física — “porque el nivel del ITESO es muy alto”—, las materias difíciles para él comenzaron en el tercer semestre, el mismo en el que conoció al profesor Diego Mulato Gómez: maestro en Física Aplicada y doctor en Física Teórica de Partículas, quien fue coordinador de Laboratorios y Talleres del ITESO.
“Él me daba Probabilidad y Estadística y desde que lo conocimos fue muy bromista; me acuerdo de que llegó diciendo que era de una tribu de Somalia y que llegó aquí porque se había ganado una beca. Nosotros obviamente le creímos, pero en la clase siguiente nos dijo que era broma, que él venía de Colombia. Además de su sentido del humor, yo noté que era muy inteligente, desde cómo hablaba, cómo se expresaba cuando le preguntabas algo”, recuerda Diego.
Al acercársele por primera vez al profesor con dudas de la materia de cálculo, este tomó su cuaderno y le ayudó a resolver la integral, “tres hojas completas”. A partir de ese momento, cada vez que tenía una duda, acudía a él para pedirle apoyo, y el profesor siempre se dio el tiempo necesario para ayudarlo.
“Me comentó que trabajaba con el equipo X-Ray Photoelectron Spectroscopy de los laboratorios de nano. Yo pensé que en algún momento de la carrera lo iba a usar, pero en los últimos semestres, pero le pedí que me enseñara a usar ese equipo y me empezó a enseñar desde la teoría, cómo hacer los análisis, todo”, relata Diego.
Buscó ser su becario desde que lo conoció, pero fue hasta que Diego estaba en octavo semestre que al profesor se lo autorizaron. Por supuesto, Digo aceptó ser su colaborador con esta figura, pero en medio de ese proceso le informaron que el maestro tuvo una complicación de salud, por si quería irlo a ver al hospital. “Yo no sabía nada porque el profe Diego siempre era muy profesional y siempre mantenía distancia de sus asuntos personales, pero sí quise irlo a ver”.
Comenzó a visitarlo dos o tres veces por semana. “Nadie me dijo que lo fuera a ver, pero yo quise hacerlo porque yo genuinamente sentía una deuda con él, porque él estuvo durante cinco o seis semestres de mi carrera acompañándome; a pesar de que él tenía muchísimo trabajo, si yo llegaba con una duda él dejaba lo que estaba haciendo y me ayudaba. Siempre estaba al pendiente de mí”, recuerda Diego.
Casi tres meses después, el profesor salió el hospital por dos semanas y de nueva cuenta fue internado, esta vez en una clínica cercana a la casa de Diego. En esa segunda ocasión en el hospital conoció a la mamá del maestro, que había venido desde Colombia para estar con él. “Su mamá me decía que le gustaba que lo visitara porque lo hacía reír, porque así se le olvidaba que estaba enfermo”.
Un viernes, el profesor, que nunca le había marcado por teléfono a Diego, le habló. Fue una llamada breve, en la que le dijo que le iría bien en la entrevista de trabajo para la que se estaba preparando, “porque yo era buen ingeniero, pero, sobre todo, buena persona”. Esa fue la última vez que supo de él, pues el profesor lamentablemente falleció un par de días después.
Tras el velorio y el funeral, la mamá y la hermana del maestro vinieron al campus a recoger sus pertenencias de la que fue su oficina. Ahí le entregaron a Diego la bata del profesor —porque nadie mejor que él “para portar esta bata, para que cada vez que entre a algún laboratorio la use y me acuerde de lo mucho que significó para mí"— y el traje que se había comprado para unos retratos que se le realizaron en el ITESO. La mamá del profesor se lo dio también, sabiendo que su hijo le había prometido al estudiante que estaría en su graduación, “así que ya tenía traje y manera de llevarlo a él”, cuenta.
En medio de este proceso de acompañar al maestro en el hospital, la carrera de Nanotecnología cumplía sus primeros quince años y la doctora Elsie Araujo Palomo, coordinadora de la ingeniería, quería que el alumno formara parte de la celebración. “Yo no quería porque estaba en un momento como de bloqueo, pero luego me dijo que Diego [el profesor] me hubiera regañado por no ayudarlos, porque él siempre ayudó a todo el mundo, sin esperar nada a cambio”.
También durante esos meses había aplicado a la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá (KAUST, por sus siglas en inglés), de Arabia Saudita, para cursar la Maestría en Ciencia e Ingeniería de los Materiales, un referente mundial de posgrado en esta área que se enfoca en la creación de nuevos materiales con aplicaciones tecnológicas avanzadas y en la investigación interdisciplinaria.
La entrevista fue el 22 de febrero. “Yo estaba muy nervioso. Fue cien por ciento en inglés y lo que yo creo que me dio el pase es que pude explicar con total seguridad el funcionamiento del XPS... sí, el mismo con el que yo trabajé con el profe Diego y que me enseñó a usar de pe a pa”.
El 2 de abril lo contactaron para informarle que había sido aprobado, pero que necesitaba sacar un determinado resultado en el TOEFL. “Me preparé durante un mes y conseguí el puntaje justo”. La beca que le otorga la universidad es del 100 por ciento, con todo pagado y con opción de hacer doctorado e, incluso, quedarse a vivir en ese país de Oriente Medio.
A finales de mayo se gradúa. A principios de agosto comenzará su nueva andadura académica. Esto solo puede ser posible por la convicción que se contiene en una frase que lo ha guiado desde que inició con los trámites para estudiar en el ITESO: no puedes rendirte en aquello en lo que piensas. Todos los días lucha por ello. Porque si lo sueñas, es porque en el futuro ya lo tienes.
De su paso por esta casa de estudios, Diego comparte que lo que más deja huella en él son las y los maestros. “Más allá de verte como un alumno, te ven como una persona”.
De su profesor Diego Mulato, cuenta que, además de todas las enseñanzas que le dejó, lo que más aprecia es portar su bata en cada laboratorio a donde vaya.
“Después de la misa [del funeral del profesor], el padre preguntó si alguien quería contar algo de Diego, y yo dije que, aunque sabía que él no iba a estar en mi graduación, sé que estaría orgulloso de que sí lo logré. Y que va a llegar un momento donde la vida me dé oportunidad de hablar con mis hijos, con mis alumnos, y les contaré que Diego fue una gran persona, que siempre ayudó a todo el mundo, que fue una persona extraordinaria”.
Las ceremonias de terminación de estudios de Primavera 2026, entre las que se encuentra la de Diego, tendrán lugar los días 29 y 30 de mayo, y podrán seguirse en vivo a través del canal https://www.youtube.com/ITESOuniversidad.
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